Autonomía digital y tecnológica

Código e ideas para una internet distribuida

Linkoteca. cultura digital


Los hilos son simples: las cadenas de respuestas están identificadas para mostrar a qué comentario o sub-comentario están respondiendo. Sin embargo, son una manera importante y reciente para que podamos dar sentido juntos a nuestro mundo. Permiten que la conversación divague sin penalización (solo pasa al siguiente comentario al mismo nivel) y permite que una conversación asíncrona se ordene a sí misma como si fuera un tiempo real de ida y vuelta. Los hilos son impresionantes.

Ni siquiera he mencionado los enlaces. Cambian cómo nos movemos a través de la información. Nos permiten colaborar entrelazando ideas tan informalmente o estrictamente cómo queramos. Nos permiten llevar el trabajo de otras personas a nuestro ámbito sin tener que reclamar ningún derecho sobre ellos. Crean una red de ideas que es propiedad de todos y de nadie. Entonces, digamos que los enlaces son una cuarta contribución a cómo conocemos. Cuando se trata de aquello a lo que prestamos atención, Internet es como un par de zapatos nuevos: inevitablemente nos enfocamos en lo que nos causa dolor. Eso es bueno, al menos cuando se trata de Internet, ya que los problemas son graves. Pero también debemos recordar los efectos positivos de incluso los elementos más simples de la Red sobre cómo aprendemos y sabemos. Debemos tener en cuenta que también están construidos sobre la arquitectura básica de la red, ya que diseñamos soluciones para los problemas reales que enfrentamos.

Se trata de la residencia digital (o e-residency, en inglés), con la que cualquier persona puede hacerse residente de este pequeño país de 1,3 millones de habitantes sin necesidad de vivir allí.

La residencia digital no aporta la ciudadanía ni exime de la necesidad de la visa. El objetivo es que los nuevos residentes contribuyan a la economía del país utilizando sus bancos y abriendo empresas.

La residencia digital, en cambio, permite a los emprendedores abrir su negocio sin necesidad de contar con un director local en el país, así como acceder a los servicios bancarios y de pagos online, declarar los impuestos a través de internet o firmar documentos sin poner pie en Estonia.

La iniciativa se lanzó en 2014 y ya hay más de 20.000 residentes digitales. En total, manejan unas 3.000 empresas, según datos oficiales.

El verdadero problema es que las infraestructuras de la nueva tecnología digital están en manos de monopolios de facto privados. Nos hemos dado cuenta de que, además, estás empresas han estado realizando una promoción fraudulenta de sí mismas, que no se corresponde con su real actividad. Se definen como compañías tecnológicas pero en realidad son empresas publicitarias: por eso tenemos un sistema de comunicación coptado por la publicidad y, por tanto, por los fines mercantiles y de consumo.

El Estado conoce a sus ciudadanos menos y peor que los conocen estas empresas privadas. El estado ha perdido capacidad de iniciativa, ha perdido capacidad de reacción. Es momento de lo público y de instituciones como la UE en cuanto a crear un marco jurídico que garantice derechos individuales y colectivos, en cuanto a infraestructuras, en cuanto a apoyo de empresas estatales de carácter nacional, que deberían ser calificadas como estratégicamente sensibles. Todos los circuitos de comunicación no pueden estar sometidos a un embudo discrecional de una potencia extranjera.