Autonomía digital y tecnológica

Código e ideas para una internet distribuida

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Lanzada con poco bombo durante los primeros días de la pandemia, la serie de ocho capítulos DEVS es una de las ficciones de los últimos años con más posibilidades de convertirse en un futuro clásico de culto. Ambientada en un Silicon Valley crepuscular profundamente melancólico, esta historia del cineasta británico Alex Garland no trata directamente sobre la inteligencia artificial: su argumento traza una fábula sobre la computación cuántica, el destino frente al libre albedrío, y la posibilidad de reconstruir cada momento único de la experiencia humana. A Jorge Luis Borges probablemente le habría entusiasmado.

La historia se ha contado mil veces. Si tuviésemos que explicar los orígenes del ideario intelectual de la industria tecnológica –de lo que Richard Barbrook y Andy Cameron llamaron “la ideología californiana”– sus componentes fundamentales son el improbable encuentro hace seis décadas al sur de San Francisco entre hippies e ingenieros informáticos; entre una visión tecnocrática heredada del complejo industrial-militar de la guerra fría, y los deseos de emancipación colectiva y liberación de la consciencia de la contracultura. El legendario Whole Earth Catalog de Stewart Brand (la publicación seminal de la cultura digital), las propuestas del visionario arquitecto Buckminster Fuller, los experimentos de convivencia planteados en comunas como Drop City… fueron caldo de cultivo para emprendedores que como Steve Jobs imaginaron un futuro cercano en que el PC era tanto un acelerador de la eficiencia como una herramienta para la realización personal y la autonomía creativa. Una prótesis intelectual, una “bicicleta de la mente” que nos permitiría llegar a donde no seríamos capaces como especie exclusivamente biológica.

La industria tecnológica se sitúa hoy en su momento más existencial desde al menos los años 90, con la emergencia de la Internet comercial. El movimiento pro ética de la IA cree que los posibles riesgos del Deep Learning y las redes neuronales requieren de un desarrollo controlado y cuidadoso que permita su introducción paulatina en todos los aspectos de la vida cotidiana. Los aceleracionistas defienden que estos miedos son conservadores y que el inevitable desarrollo de la IA traerá consigo una nueva era de prosperidad humana y crecimiento, soluciones al cambio climático y a enfermedades incurables.

…antes que una herramienta de trascendencia espiritual la IA será otro sistema de concentración de poder en un mundo en desigualdad creciente, si no cambiamos algunas de sus reglas fundamentales.

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