Autonomía digital y tecnológica

Código e ideas para una internet distribuida

Linkoteca. Enrique Dans


La metáfora es evidente: el tráfico procedente de Google o de una red social nunca fue propiedad del editor. Era tan solo audiencia prestada, sometida a unas reglas ajenas, a unos algoritmos opacos y a unas decisiones tomadas por empresas cuyos intereses podían cambiar en cualquier momento, como finalmente ha ocurrido. A pesar de eso, muchos medios, comercios y creadores se dedicaron a contabilizarlo como si fuese de alguna manera un activo propio: contrataron equipos, prometieron audiencias a los anunciantes, calcularon y capitalizaron flujos de ingresos futuros y diseñaron toda una estrategia alrededor de fuentes de visitas que podían desaparecer con una simple actualización del algoritmo.

En mi página, la caída apenas se ha notado. En parte, porque el tráfico procedente de buscadores nunca fue especialmente importante; en parte, porque no tengo publicidad y, por tanto, una visita más o menos no altera mi modelo económico, y sobre todo, porque escribo para aprender, preparar mis clases, ordenar ideas y conversar con quienes deciden volver habitualmente. Como ya expliqué recientemente en «La web sin visitas«, mi situación es claramente privilegiada: no necesito convertir cada lector en una impresión publicitaria ni adaptar cada título a los caprichos de ningún algoritmo. Frente a los idiotas que no han entendido nada y que se pasan por aquí para acusarme de escribir mediante inteligencia artificial porque lo dice «nosequé prueba diabólica», la realidad: no escribo con inteligencia artificial porque no me hace falta, no «necesito» generar un artículo al día para nada económicamente rentable. Lo necesito para aprender, y si me escribe el artículo un chatbot, no aprendo nada.

Aquí es donde empieza la parte verdaderamente interesante. Si los modelos se comoditizan, el valor se desplaza hacia arriba en la pila. La nueva capa crítica es la de orquestación: sistemas que reciben una tarea, la descomponen, deciden qué modelo conviene usar para cada parte, consultan memoria, llaman herramientas, verifican resultados, aplican políticas de seguridad, calculan costes y, en muchos casos, actúan. El modelo deja de ser el protagonista absoluto y pasa a ser un motor bajo el capó. La inteligencia empieza a estar en el router, en el agente, en la memoria, en los permisos, en los conectores, en la evaluación y en la gobernanza.

Para OpenAI, Anthropic, Google y el resto de laboratorios de frontera, esto plantea un dilema evidente. Seguirán siendo imprescindibles para la frontera, para tareas complejas, para investigación avanzada, para decisiones críticas o para situaciones donde la fiabilidad extrema justifique el precio. Pero una parte gigantesca del mercado no necesita siempre lo mejor: necesita lo suficientemente bueno, suficientemente barato, suficientemente rápido y suficientemente gobernable. Y ahí los modelos abiertos, chinos o no, tienen una oportunidad formidable.

el pensamiento crítico es algo que los ciudadanos deben desarrollar individualmente, mediante una educación adecuada, la difusión de prácticas y herramientas que permitan verificar la información, y el desarrollo de hábitos saludables a la hora de informarse que defiendan la necesidad de la pluralidad de fuentes. Sustituir los libros de texto en las escuelas por procesos individuales de búsqueda y cualificación de información, desarrollar habilidades en ese sentido a lo largo de todo el curriculum educativo, y no pretender nunca que la verdad está en una sola fuente son formas de adaptarse a un entorno que, sin duda, está aquí para quedarse, y que requiere el desarrollo de nuevas habilidades.

Por contra, tratar de hacer que los ciudadanos subcontraten su pensamiento crítico a los criterios de un tercero, sea su gobierno, una plataforma social o cualquier otro organismo, es una forma de dar la batalla por perdida antes de iniciarla

Las sociedades humanas no están maduras para asimilar una tecnología como la IA generativa en el contexto de las relaciones personales, simplemente porque no hemos pasado por una etapa de educación que permita a las personas entender de verdad con qué están conversando. Por lo general, el ser humano tiende a otorgar una cierta «autoridad» al algoritmo, le adscribe una supuesta capacidad de consulta y síntesis de información prácticamente ilimitada, y tiende a prácticamente subcontratar su pensamiento crítico a las respuestas a las que accede a través de medios tecnológicos. El desconocimiento de la tecnología, como bien decía Arthur C. Clarke, hace que se convierta en indistinguible de la magia. Y algo así, sin duda, puede tener efectos enormemente nocivos en las sociedades humanas: desde trastornos de percepción de la realidad hasta auténticas alienaciones y problemas psicológicos.

Conseguir que un seguidor evolucione y se decida a pagar por unos contenidos consiste, fundamentalmente, en dos aspectos: el primero, que perciba un valor suficiente en el contenido como para querer seguir accediendo a él cuando se sitúe tras un muro de pago, en lugar de preferir simplemente intentar encontrar contenidos similares en otro sitio.

…la idea de Twitter es diversificar sus ingresos para reducir la fuerte dependencia actual de la publicidad (más de un 85% de sus ingresos) y disponer de un grupo de usuarios que valoran la aplicación lo suficiente como para pagar por ella con los que ensayar nuevas funciones, etc. Como en casos similares, nos equivocaremos si intentamos interpretar Twitter Blue como un lanzamiento «para todo el mundo»: como buen servicio premium, está pensado específicamente para aquellos usuarios que utilizan Twitter mucho…

La deriva hacia servicios de suscripción en internet es cada vez más clara: la publicidad, que alimentó muchísimos servicios en la red desde sus orígenes, es cada vez más vista como algo molesto, incómodo, incluso persecutorio o agobiante y que genera cada vez mayor rechazo, hasta el punto de que muchos usuarios la intentan bloquear mediante distintos tipos de soluciones. Cada vez son más los servicios que se plantean ofrecer a sus usuarios la posibilidad de disfrutar de las prestaciones que ofrecen, pero a cambio de un modelo de suscripción. Algunos emprendedores opinan directamente que la lógica debería ser que aquellos que quieren disfrutar de un producto paguen por él de alguna manera, y que la publicidad en muchas de sus interpretaciones es, como tal, un modelo fallido.

Además del servicio de suscripción, la compañía ha lanzado recientemente un servicio que permite a los usuarios recibir donaciones por sus tweets, y está trabajando en los llamados super follows que permiten a un usuario ofrecer suscripciones a sus seguidores.