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A este fenómeno lo bautizaron los habitantes de los Alpes que contemplaban el brillo de las altas cumbres después de que el sol se hubiera escondido tras el horizonte. Por eso se conoce como ‘resplandor alpino’ o Alpenglow, que viene de la palabra alemana Alpenglühen.

Hoy en día el término Alpenglow no se utiliza solo para describir la última luz en la cima de las montañas: también vale para describir la luz que ilumina la parte más alta de un rascacielos, como en este atardecer en Nueva York.

Si seguimos hacia arriba y tomamos la definición de Alpenglow en este sentido tan amplio, cada vez que vemos pasar la Estación Espacial Internacional (ISS) sobre nuestras cabezas cruzando el cielo nocturno (hay aplicaciones que te dicen en qué días y horas se ve mejor), estamos viendo un objeto iluminado por el sol en las alturas que brilla en medio de la noche.

In 1961 the astronomer Frank Drake proposed what became known as the Drake equation, setting out seven factors that would need to be known to come up with an estimate for the number of intelligent civilisations out there. These factors ranged from the the average number of stars that form each year in the galaxy through to the timespan over which a civilisation would be expected to be sending out detectable signals.

Under the strictest set of assumptions – where, as on Earth, life forms between 4.5bn and 5.5bn years after star formation – there are likely between four and 211 civilisations in the Milky Way today capable of communicating with others, with 36 the most likely figure.

The team add that our civilisation would need to survive at least another 6,120 years for two-way communication. “They would be quite far away … 17,000 light years is our calculation for the closest one,”