Autonomía digital y tecnológica

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El espacio público como colchón social

Imago voragine.net

Hace tiempo que Domenico Di Siena me hizo una serie de preguntas para su investigación Espacios Sensibles – Hibirdación físico-digital para la Revitalización de los Espacios públicos. Las preguntas fueron las siguientes:

  • ¿Qué entiendes por espacio público? (definición)
  • ¿Cómo calificarías el espacio público de las ciudades de hoy? (cualidades y problemas)
  • ¿Cómo lo cambiarías? (soluciones)
  • ¿Qué papel pueden jugar las nuevas tecnologías en ese cambio? (espacios híbridos)

Y dieron como resultado el siguiente texto:

El espacio público históricamente es el que cualquier persona puede usar siguiendo las normas de convivencia y las leyes del lugar en el que se encuentre dicho espacio. Tradicionalmente es un espacio físico y en la mayor parte de los casos se asocia a la calle, a los espacio abiertos. Esto lo convierte prácticamente en un espacio común sobre el que cualquier usuario tiene en teoría la misma capacidad de decisión. Al ser el espacio más plural es un colchón social para la ciudad ya que en teoría no tiene las restricciones de los espacio privados, al no poder dictar ningún dueño normas sobre él, y alberga usos y ocupaciones que los privados no permiten.

El crecimiento de las ciudades y de su población, y en consecuencia de su heterogeneidad, hace que el espacio público sufra una demanda mucho más diversa, lo que provoca la aparición de conflictos y por tanto de normas más restrictivas para poder mantener cierto orden. El crecimento exponencial de las ciudades hace que los espacios comunes también se despersonalicen y que los ciudadanos no los sientan como suyos, perdiendo así la responsabilidad que en otro tiempo tenían y que mantenía dichos espacios activos. Como consecuencia la gestión y el mantenimiento del espacio público es desde hace tiempo tarea y responsabilidad exclusiva de las administraciones.

Estas tareas no deben entenderse como mantenimiento frente al deterioro físico del espacio; de manera más amplia engloban actuación y pensamiento sobre el propio espacio: para qué debe usarse, de qué manera, qué quiero yo como ciudadano hacer en él, cuánto dinero hay que invertir en ellos.

Este distanciamiento del ciudadano del espacio que posée con sus conciudadanos convierte el espacio público, en definitiva, en propiedad de las administraciones. Podríamos decir que es un espacio privado propiedad de las administraciones. Y como cualquier espacio privado obedece a los deseos y objetivos de sus dueños. En muchos casos de beneficio económico. Muchas de las actuaciones de las administraciones sobre el espacio público se entienden mejor desde este enfoque.

En el mejor de los casos, aunque los objetivos de la administración sobre el espacio que gestiona sean legítimos, o moralmente aceptables, no pueden ser igual de completos, igual de representativos, que los pensados y ejecutados por la ciudadanía en su conjunto. Esto provoca una distancia entre la ciudad legal, la planificada por la administración, y la ciudad real, la vivida por los ciudadanos. Así, cada vez más ciudadanos sienten ajeno el espacio público y lo abandonan, y cada vez más ciudadanos son excluidos del uso del espacio público.

Las nuevas tecnologías permiten conectar a la gente. Permiten crear el tejido social que el espacio público crea y demanda al mismo tiempo. Podríamos decir que crea una capa de relación independiente del espacio físico, permite que la interacción no sea presencial. Todas estas características convierten a las nuevas tecnnologías en herramientas de creación de redes. El espacio público local puede conectarse además con otros espacios públicos remotos y alimentarse de ellos, generándose así una red de espacios. Además, la horizontalidad de internet permite que la voz de cualquier ciudadano valga lo mismo o llegue a tantos oídos que la de cualquier administración, y agiliza los actuales mecanismos de participación y decisión.

Por otra parte la filosofía que tiene detrás todo el movimiento del software libre, heredada después por todo el movimiento de la cultura libre, debería servir de inspiración para la creación de una red de espacios públicos de código abierto, en cambio constante, flexible, con posibilidades de adaptación a las, cada vez, más rápidas y fugaces exigencias de la ciudad global. La idea de no empezar de cero implícita en el desarrollo de software libre, reutilizando el código que otro programdor ha creado previamente, debería ser uno de los pilares para la construcción de los espacios públicos y de la ciudad en su conjunto, que debería saber rehabilitar y reutilizar lo existente, pesar la ciudad por capas que se van superponiendo y enriqueciendo la ciudad.

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