Autonomía digital y tecnológica

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Las sociedades humanas no están maduras para asimilar una tecnología como la IA generativa en el contexto de las relaciones personales, simplemente porque no hemos pasado por una etapa de educación que permita a las personas entender de verdad con qué están conversando. Por lo general, el ser humano tiende a otorgar una cierta «autoridad» al algoritmo, le adscribe una supuesta capacidad de consulta y síntesis de información prácticamente ilimitada, y tiende a prácticamente subcontratar su pensamiento crítico a las respuestas a las que accede a través de medios tecnológicos. El desconocimiento de la tecnología, como bien decía Arthur C. Clarke, hace que se convierta en indistinguible de la magia. Y algo así, sin duda, puede tener efectos enormemente nocivos en las sociedades humanas: desde trastornos de percepción de la realidad hasta auténticas alienaciones y problemas psicológicos.

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