Autonomía digital y tecnológica

Código e ideas para una internet distribuida

Linkoteca. Felipe Abrelatas


quizás haya que ir dando por concluida la famosa regla del “ Don’t feed the troll”. Ya sabemos que Twitter (especialmente ésta) es un lugar tendente al troleo y a los zascas. Desconozco si es la configuración de la herramienta o si un devenir social. Pero es así.

he podido darme el lujo de usar la educación y la pedagogía extremas porque no sufro esto non-stop. Puedo imaginarme a una persona rendida ante tanto odio y decidiendo luchar en vez de intentar convencer a nadie a través de la palabra.

En lo que no me cabe duda es que la polarización puede ser neutralizada así. Hubo varias personas que tras haberme hablado mal terminaron disculpándose por ello tras ver que yo solo contestaba de forma educada. Por eso creo que necesitamos defender la radicalidad de la no-violencia. Necesitamos generar entornos digitales habitables que permitan una discordia educada.

Duele ver entrar a personas desconocidas en la que consideras ‘tu casa’ y proyectar sus deseos en forma de futuros tabiques a tirar, cortinas o elementos decorativos mientras tú estás ahí todavía con tu amorfa disposición que mezcla muebles de los anteriores propietarios con los tuyos, juguetes esparcidos por otras partes, estanterías eternamente desordenadas de libros a medio leer o cajones con cables y cacharros de supuesta tecnología punta que nunca llegaste a estrenar…

Duele darte cuenta de que tu casa no es tuya. Es como si el mercado inmobiliario viniera a darte una fuerte bofetada en la cara y te dejara impreso la famosa proclama de “no vas a tener una casa en la puta vida”. Y a pesar de que adecentaras una lamentable terraza que cuando llegaste era impracticable, a pesar de que arreglaste una cisterna que perdía agua de forma regular o a pesar de que has pagado 42.000€ en 5 años de alquiler, no es tuya.

También duele porque no hay alternativa. Porque llevamos buscando piso durante un año y la oferta se vuelto cara y escasa. Quién tiene casas decentes prefiere AirBNB, a pesar de que en las grandes ciudades ya hayan dado la alerta sobre los efectos nocivos para los vecindarios de construir zonas turísticas 2.0.