Autonomía digital y tecnológica

Código e ideas para una internet distribuida

Linkoteca. José Alcántara


Hablemos de los contables. Cuando llegaron las hojas de cálculo, pese a la revolución que supuso para la contabilidad, los contables no desaparecieron. Al contrario: aumentó la cantidad de gente que hacía tareas contables. Lo que sí cambió fue la satisfacción de esas personas toda vez que el software se quedó con la parte interesante del trabajo interesante (análisis) y los humanos con lo repetitivo (introducir datos en un formulario).

La IA ya programa por nosotros. El placer de crear desde cero seguirá existiendo, pero ocupará menos espacio. El rol del humano va a pivotar hacia la revisión de software producido por la máquina, afinar prompts e integrar sistemas (quizá las tareas de devops y soporte sean una suerte de último foso de defensa para roles técnicos). ¿Les va a gustar? Probablemente no, probablemente desprecien esa labor tanto como desprecian actualizar tickets en Jira, porque la magia del rol que han hecho durante décadas, la resolución de problemas, el reto intelectual, va a ser resuelta por la máquina. La parte intelectualmente reconfortante se la queda la máquina, justo como le pasó a los contables.

Esto, que parece una chorrada, es el meollo del asunto, ya que es lo que sucede cuando a problemas morales en los que estamos claramente de acuerdo les añadimos una dimensión económica. El efecto fue bien estudiado por Gneezy y Rustichini de la Universidad de California San Diego: al introducir pequeñas multas a los padres que llegaban tarde a recoger a sus niños del colegio, el número de padres que llegaba tarde se multiplicó. Freakonomics lo contaba genial.

Lo que antes era un problema moral (depender de la generosidad del maestro que se queda un rato extra porque tú te retrasas) es de repente una relación económica reglada: esos padres asumían el pago de una cantidad de dinero insignificante (4€/día) por el derecho a poder llegar hasta media hora tarde; ya no es un dilema ético porque el personal del centro sabe que tenemos un trato, así que termino lo que estoy haciendo aunque llegue media hora tarde). Al ponerle precio, nos liberamos del problema moral.