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P: ¿Cuánto han contribuido las plataformas digitales tipo Airbnb o Homeaway?
R: Algo tiene que ver la airnbfication, como lo llaman en inglés. Pero este fenómeno, si nos fijamos, hace lo mismo que hace siempre el capital turístico: medidas para reforzar el uso intensivo del espacio a través del turismo. Donde encontraremos más Airbnb es en todas aquellas zonas que ya estaban en el mapa turístico. En Barcelona, en Ciutat Vella, Gràcia y Barceloneta. En Madrid, zonas como Lavapiés, Malasaña… En Ibiza todo se ha convertido en una gran urbanización turística. Lo que llaman una «isla hotel».

P: Las imágenes de trabajadores durmiendo en furgonetas por los precios de la vivienda en Ibiza han sido impactantes. ¿Es por la ‘airnbfication’?
R: Por un lado, sí. Pero hay que pensar que antes ha habido una burbuja inmobiliaria brutal. Se han construido miles y mies de viviendas que no tenían uso, más allá del financiero, especulativo. Se le tenía que buscar salida a ese parque de vivienda vago. Y aquí han encontrado una salida, una solución, que ha permitido canalizarlo con uso turístico. Lo que ocurre ahora es que se han disparado las expectativas de negocio del mercado inmobiliario, que se ha empezado a revalorizar por su potencial uso turístico.

P: ¿Qué han hecho las autoridades públicas ante toda esta escalada?
R: Hay dos leyes clave. La que abre la puerta a la creación de las socimis [Sociedades Cotizadas Anónimas de Inversión en el Mercado Inmobiliario] y la reforma de la ley del alquiler de la vivienda que acorta el periodo de contratación y facilita los desahucios.

P: O sea, ¿han contribuido al fenómeno?
R: Claro. Las instituciones lo que han hecho es activar normas para permitir o facilitar un nuevo ciclo de acumulación en torno al uso turístico de la vivienda. Así como recordamos la ley del «todo urbanizable» de Aznar en el 96, ahora tenemos las leyes del «todo turístico» de la época de crisis de Zapatero y Rajoy.