Autonomía digital y tecnológica

Código e ideas para una internet distribuida

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Sin ánimo de polemizar con personas afectadas por la precariedad y los bajos salarios del sector, y por tanto razonablemente cabreadas, venía aquí a hacer una puntualización obvia: cuando pagas a une influencer, o creadore de contenidos o cómo quieras llamarle, no le estás pagando solo el trabajo que le lleve tu encargo. Le estás comprando la audiencia. Una audiencia que le cuesta mucho tiempo no remunerado construir y mantener. No estoy defendiendo las cifras astronómicas absurdas de las súper estrellas de plástico. Pero sí me parece lógico que las personas jóvenes y ‘cool’ que vemos brillar en redes aspiren a cobrar precios en orden de miles, incluso si se trata de una campaña social (no de cientos, como algunas ONG intentan pagar). Si hacéis el cálculo de todo lo que trabajan ‘gratis’ para llegar a una audiencia que tu organización no consigue alcanzar ni de lejos, no, no están cobrando nada caro; puede que sean tu estrategia más eficiente (en relación alcance/precio). De hecho, quitando las súper estrellas que son un porcentaje muy pequeño, les creadores de contenido son el eslabón más débil de la comunicación digital. Lo son porque en realidad trabajan para señores feudales que les cambian las reglas o les cierran el grifo cuando les da la gana, así que todo lo que sea mejorarles las condiciones es de justicia (social).

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